Cogolludo ofrece siete puertas de edificios emblemáticos para conocer su historia

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¿Cuántas personas cruzarían sus umbrales? Príncipes, duques, escritores, convictos… y quizá incluso Cristóbal Colón

Hay muchas maneras de ver y descubrir Cogolludo: a través de los personajes históricos que por allí pasaron, de su gastronomía, de su urbanismo, de sus ermitas, de su naturaleza… En esta ocasión, la oficina de Turismo propone la visita de la villa ducal en un recorrido por siete puertas emblemáticas de sus edificios y monumentos históricos.

La puerta del Palacio Ducal
El recorrido comienza, como no puede ser de otra manera,  por la puerta del Palacio Ducal de Cogolludo, considerado el primer monumento renacentista de España.  Situado en la Plaza Mayor de la villa serrana, lo mandaron construir los Duques de Medinaceli, alrededor del año 1492. Es obra del arquitecto de los Mendoza, Lorenzo Vázquez de Segovia.  Destaca su imponente fachada, de más de 40 metros de ancho, con más de 1.000 sillares labrados a manera de almohadilla, una construcción típica del Renacimiento italiano, lo que traslada al visitante a la ciudad de Florencia. La puerta, que no es la original puesto que fue repuesta en el siglo XX, da entrada a un  edificio que, según describió el chambelán de Felipe el Hermoso y Juana de Castilla  después de pasar por sus dependencias en 1502, era el alojamiento más rico de España. «Vale por siete de los mejores palacios de Flandes», escribió en ‘Memoryèz par escript’. Tras ella, se abre el patio de armas, el área de servidumbre, la zona de estanque y jardines,  y en la primera planta, el Salón Rico y su impresionante chimenea y escudo. Con certeza se sabe que personajes como Francisco de Quevedo, el dramaturgo Lope de Rueda, el escritor y Nobel Camilo José Cela y Tomás de la Cerda y Aragón, Virrey de Nueva España, cruzaron su umbral. Y, según algunas teorías, también Cristóbal Colón.

La puerta del Hospital de San Juan
En el interior del Palacio se conservan dos puertas históricas, gracias a la generosidad de dos familias cogolludenses, que las han cedido al Ayuntamiento. La primera, que fue donada por los hijos y herederos de Beatriz Fernández de Frías, fue la puerta del antiguo Hospital de San Juan, uno de los dos que tuvo la villa ducal, junto al de San José. Está hecha de madera de pino, con clavos y remaches de forja. La primera noticia que se tiene de este hospital es del año 1581, puesto que aparece en las relaciones topográficas de Felipe II. La última referencia corresponde al año 1752, y se halla en el Catastro del Marqués de la Ensenada. La labor de este Hospital fue clave para paliar los efectos de la terrible epidemia de peste que asoló Cogolludo en 1599. En el lugar trabajaba un hospitalero, había una pequeña iglesia y tenía una casa enfermería, en la que se trataba a los enfermos de esta pandemia, pero  también a peregrinos y, en general, a los necesitados y personas sin recursos.

La peste se había declarado en Flandes a final del siglo XVI. Quizá el ir y venir de los Tercios españoles, la élite del ejército por aquel entonces, propiciara que la epidemia desembarcara en las costas de Cantabria en 1596,extendiéndose de norte a sur por toda la península. En febrero de 1599 se declaró la peste en Segovia. Y probablemente desde allí llegara a Cogolludo, con el incesante ir y venir de los arrieros y sus mercaderías.  A la Villa Ducal llegó en el verano del mismo año. Su primera víctima la mujer de Miguel Yanguas, que murió el 3 de julio, según acredita la investigación de Juan Luis Pérez Arribas, historiador local. Lamentablemente, le seguiría una larguísima lista de fallecidos de 539 personas en 5 meses, con días aciagos, como el 29 de agosto, en el que se enterraron, sólo en la Parroquia de San Pedro, a 20 personas.

Una de las primeras medidas que adoptó el Concejo de Cogolludo fue la de cerrar las puertas de la muralla, para impedir la entrada y salida de la villa. El Concejo corrió con gran parte de los gastos que originó la peste, por lo que se vio obligado a requerir los caudales del pósito. No quedaron olvidados los pobres del pueblo, atendidos, precisamente en los dos hospitales mencionados. Acudir al auxilio divino fue otro de los recursos que se adoptaron para remediar la peste. El fraile franciscano San Diego de Alcalá disfrutaba en Cogolludo de mucho prestigio, a causa del Monasterio que los religiosos de la orden tenían establecido en la villa desde 1557. Ellos habían difundido la fama de santidad y sus milagros en Cogolludo.

Así que, según cuenta la tradición, Fray Juan Cortés, padre guardián del Monasterio de Frailes Menores de San Francisco pidió a sus hermanos franciscanos de Alcalá de Henares trasladar los restos del Santo desde la ciudad complutense a la villa de Cogolludo, para rogar a San Diego que cesara esta pandemia terrible. Llegar los santos restos a Cogolludo, el 12 de noviembre, y remitir la peste, fue todo uno. Para los creyentes, fue un milagro, para los escépticos, casualidad.

La puerta del judeoconverso
También en el interior del Palacio Ducal se muestra la puerta del domicilio de unas de las familias de judeoconversos que vivió en Cogolludo. En este caso fue donada al Ayuntamiento por la familia Castells Criado. La presencia de judíos en Cogolludo está acreditada en un documento fechado en Fuencemillán en 1299 en el que se llega a un acuerdo entre los implicados. Se conserva en el Archivo Histórico de Guadalajara, y su texto habla de una disputa entre Beleña y Cogolludo, y menciona a vecinos judíos, moriscos y cristianos. Además, se sabe que Cogolludo tuvo una sinagoga, ubicada en la actual Plazuela. Para evitar represalias, los judíos se convertían al cristianismo, pero no sin que antes La Inquisición marcara las puertas de sus casas. Igualmente está acreditado documentalmente el juicio contra una familia de judeoconversos en el siglo XVI. Finalmente, todos sus miembros fueron ajusticiados en la hoguera, en Toledo.

La puerta principal, la lateral y la cancela de Santa María
La puerta principal del templo de Santa María, situado en lo más alto del pueblo, es del siglo XX. Este templo fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento, según decreto del Boletín Oficial de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha 18/1996 del día 30 de enero. Sin embargo, la cancela es una verdadera joya. Protegida de la intemperie, gracias a ello se han podido conservar las piezas originales, correspondientes al siglo XVIII. En la parte superior de la cancela, están tallados en madera policromada, los símbolos de San Pedro y de María.

Atravesando su umbral, en el interior del templo, construido en el siglo XVI, se halla un verdadero tesoro: un cuadro de José Ribera, el Españoleto. El cuadro fue un regalo del duque de Alba, don Antonio Álvarez de Toledo, a don Fernando Enríquez, en 1626, cuando éste era embajador del rey de España en Roma. Más tarde, Enríquez sería virrey de Nápoles, cargo que desempeñó entre 1629 y 1631. Su llegada a Cogolludo no fue más que fruto de la casualidad o del destino y se remonta a tiempos del VII duque de Medinaceli, Antonio Juan Luis de la Cerda. En 1623, el VII duque de Medinaceli y VI marqués de Cogolludo contrajo matrimonio con la marquesa de Alcalá del Río, Doña Ana María Luisa Enríquez de Ribera y Portocarrero, sobrina del virrey de Nápoles, que llega a ser propietaria de este cuadro por herencia de su prima, María Enríquez. El cuadro se denomina ‘Los preliminares de la crucifixión’ por representar los últimos preparativos para la salida de Jesús con la cruz. Es un claro ejemplo de los primeros lienzos realizados por este artista con una fuerte influencia del maestro Caravaggio.

En el muro norte de la Iglesia de Santa María se abre una segunda puerta, también del siglo XX, cuya importancia radica en estar enmarcada por un arco de medio punto que, en su hornacina superior, alberga una Santísima Trinidad tallada en alabastro. La manufactura de este material fue de gran importancia económica para Cogolludo y Aleas.

Las puertas de la antigua muralla de Cogolludo
A 916 metros de altura, muy cerca de la Iglesia de Santa María, se halla lo que fue el Castillo, de origen árabe. A finales del siglo IX constaba solo de una torre cuadrada que, según algunos autores, era el minarete de un ribat andalusí. Posteriormente, a esta torre se la conoció como Torre de la Campana, aludiendo precisamente a su minarete. Tras la ampliación calatrava del Castillo, del siglo XIII, esta fortaleza contaba, además, de la torre de la Campana, con otra torre del Homenaje, alta y cuadrada, siete torres cilíndricas macizas, foso, mazmorra, aljibe, armería y una nevera en sus proximidades, según se desprende de A.D.M. Sec. Cogolludo. leg.11. nº48. Desgraciadamente, el Castillo fue dinamitado en la Guerra de la Independencia por el general Hugo, padre del escritor Víctor Hugo, en la lucha contra el guerrillero Juan Martín, El Empecinado. Desde el Castillo partía una muralla que abrazaba todo el pueblo. La muralla tenía cuarenta torres, casi dos kilómetros de longitud y cinco puertas, según se describe en las relaciones topográficas de Felipe II. Una de las puertas se abría en dirección a Arbancón. Era conocida como la puerta del Caño. La siguiente, hacia Levante, era la de Medina, que coincide con el actual puente. Hacia el sur estaban las de «Xadraque», también llamada la puerta del Carmen,  y la de «Guadalaxara», o puerta Redondo, en la entrada actual a la villa; y, por último, hacia poniente, la de San Sebastián, que cambió su nombre por el de San Isidro, cuando en 1622 fue canonizado el santo, por ser esta última la que daba acceso a la Ermita. La muralla se fue perdiendo paulatinamente, hasta prácticamente su desaparición.

La puerta de la Iglesia de San Pedro
Desde el cerro más alto de la villa serrana, se baja, por la calle homónima, a la Iglesia de San Pedro. En origen, ésta fue una iglesia románica, pero en el siglo XVII, y dado su mal estado de conservación, se erigió este gran edificio, más lujoso que el de Santa María, puesto que de él eran parroquianos los duques de Medinaceli. Su puerta actual data del año 1749, y tiene, talladas en su madera, las llaves de San Pedro y la tiara papal. Como curiosidad puede decirse que la Iglesia tenía derecho de asilo, es decir que si un reo era perseguido por la justicia, se podía acoger a sagrado allí, para no ser capturado. La historia de la Iglesia de San Pedro se ha detenido en el año 1937, en la Guerra Civil Española, cuando sirvió de cárcel y de cocina a los milicianos de la República. En la posguerra, también sirvió como almacén agrícola. Tiene una gran cúpula, con cuatro pechinas, de San Juan Bautista, San Pedro, San Pablo, San Juan Evangelista, obra del artista seguntino  Matías Ximeno.

La puerta del Convento de San Francisco
La última puerta de este recorrido es la del convento de San Francisco. Fundado por el IV Duque de Medinaceli,  ahora mismo da acceso al jardín de Mariano Colmenar quien, a mediados de los años cincuenta del pasado siglo, fuera presidente de la Diputación Provincial de Guadalajara. Este fue otro de los tesoros monumentales que se perdió en la Guerra de la Independencia. El convento de San Francisco llegó a tener 3150 m² de superficie, fue colegio de misioneros y lo habitaron personajes tan ilustres como Fray Francisco de Cogolludo. Del convento, queda esta puerta, y parte de sus muros, en el cementerio de la villa ducal.

La actual puerta de San Francisco era la puerta de la iglesia del convento y se desmontó de su lugar original por la construcción de un bloque de viviendas en el interior del convento, en los años setenta del pasado siglo, lo que destruyó todo tipo de restos de esta iglesia.

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La historia de Cogolludo, en 7 puertas

Fuente Comunicae

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