La pérdida involuntaria de orina durante el sueño afecta a entorno al 15% de los niños de 5 años (1 de cada 6 niños). El abordaje fisioterapéutico combina educación, hábitos miccionales, ejercicios específicos y neuromodulación. La especialista en suelo pélvico Sara Esparza destaca la importancia de una valoración temprana cuando existen síntomas diurnos asociados
La enuresis nocturna, es decir, no controlar la orina mientras se duerme, es una alteración más frecuente de lo que habitualmente se cree y puede tener un impacto significativo en la vida de los niños y sus familias. Aunque suele formar parte del proceso madurativo del desarrollo infantil, cuando persiste más allá de determinadas edades o se acompaña de otros síntomas urinarios, puede requerir una valoración especializada.
Según explica Sara Esparza, especialista en fisioterapia de suelo pélvico, la enuresis nocturna se define como la pérdida involuntaria de orina durante el sueño en niños mayores de cinco años. «A esta edad afecta aproximadamente a entre un 10% y un 15% de los niños, mientras que en torno a los siete años la prevalencia disminuye hasta situarse entre el 7% y el 10%», señala.
Aunque en muchos casos la situación se resuelve de forma espontánea con el crecimiento, la experta recomienda «prestar especial atención a aquellos niños que presentan además síntomas durante el día o que comienzan a sufrir repercusiones emocionales y sociales derivadas del problema».
El control de la continencia nocturna depende de una compleja coordinación entre la vejiga, el sistema nervioso y la musculatura del suelo pélvico. Durante el sueño, cuando la vejiga se llena, determinados mecanismos neurológicos activan automáticamente la actividad de la musculatura perineal para inhibir el reflejo de micción hasta el momento adecuado.
Sin embargo, en algunos niños esta coordinación no se desarrolla correctamente. «Puede existir una inmadurez en los centros de control de la vejiga y del suelo pélvico que dificulte mantener la continencia durante la noche. Mejorar el control de esta musculatura puede ayudar a optimizar esos mecanismos», explica Esparza.
La especialista en suelo pélvico Sara esparza recuerda además que «existen diferentes tipos de enuresis. La denominada enuresis primaria aparece cuando el niño nunca ha logrado mantener la continencia urinaria nocturna durante un periodo prolongado. Por otro lado, la enuresis secundaria se produce cuando el menor vuelve a presentar episodios de incontinencia después de haber permanecido seco durante al menos seis meses».
En estos casos, es fundamental identificar el origen del problema. Factores físicos como infecciones urinarias o estreñimiento pueden estar detrás de la reaparición de los síntomas, mientras que determinados acontecimientos vitales o emocionales pueden requerir una intervención psicológica complementaria.
La fisioterapia especializada ofrece actualmente distintas herramientas para abordar la enuresis infantil. El tratamiento comienza con una labor educativa tanto para el niño como para su familia, ayudándoles a comprender cómo funciona el control de la vejiga y cuáles son los mecanismos implicados. «Muchas veces, simplemente entendiendo mejor el proceso, ya observamos una mejora en la colaboración y en los resultados», afirma Esparza.
A esta educación se añaden medidas conductuales relacionadas con los hábitos de hidratación y micción. Entre ellas, destacan la reducción de la ingesta de líquidos en las horas previas al descanso nocturno y la recomendación de acudir al baño justo antes de acostarse.
En algunos casos también pueden utilizarse sistemas de alarma que detectan las primeras gotas de orina y emiten una señal sonora para favorecer el despertar y el aprendizaje del control vesical. Aunque su eficacia varía según cada paciente, constituyen una herramienta útil dentro del tratamiento multidisciplinar.
Otro de los pilares de la intervención fisioterapéutica es el entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico. «Mediante ejercicios adaptados a la edad del niño y biofeedback se busca mejorar la conciencia corporal y la coordinación neuromuscular, favoreciendo la activación de los centros cerebrales implicados en el control urinario», aclara Esparza.
Cuando existen síntomas urinarios durante el día, como urgencia miccional o pequeños escapes, los especialistas pueden complementar el tratamiento con técnicas de neuromodulación del nervio tibial posterior, la neuromodulación de raíces sacras, un procedimiento sencillo y no invasivo que se realiza en el domicilio bajo supervisión profesional.
Asimismo, el manejo del estreñimiento forma parte fundamental del abordaje terapéutico. La acumulación de heces en el recto puede ejercer presión sobre la vejiga y contribuir a la aparición o mantenimiento de la incontinencia nocturna.
Los resultados obtenidos mediante estas estrategias son alentadores. Según Sara Esparza, «la mejoría puede alcanzarse en aproximadamente entre un 70% y un 80% de los casos». El tiempo necesario para observar cambios suele oscilar entre los tres y los seis meses, dependiendo del tipo de enuresis y de la presencia de otros síntomas asociados.
La especialista insiste en que el primer paso ante cualquier sospecha debe ser la consulta con el pediatra. Además, cuando existen síntomas urinarios diurnos, resulta recomendable realizar una valoración urológica que permita descartar infecciones, alteraciones anatómicas o cualquier otra patología que pueda estar relacionada.
«Cada niño necesita una valoración individualizada. Una detección precoz y un abordaje coordinado entre pediatría, urología, fisioterapia y, cuando sea necesario, psicología, permiten ofrecer soluciones eficaces y mejorar significativamente la calidad de vida de los menores y de sus familias», concluye.
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